
En los próximos días se cumplirán 6 meses desde la barrancada que asoló decenas de municipios de Valencia, lo que será motivo y ocasión para que desde todos los ámbitos se realicen, unas veces de forma objetiva y otras veces interesada, análisis y valoraciones sobre la respuesta que se dio a sus devastadores efectos, así como sobre la todavía incipiente recuperación.
Sin embargo, creo que, llegados a este punto, debemos echar la vista atrás, para tomar conciencia de la reacción a tan fatídico suceso, por el sector logístico/portuario en general y específicamente desde el sector de la estiba portuaria.
Cuando amaneció el pasado 30 de octubre, el panorama era desolador.
Una considerable parte de las plantillas de las empresas del sector se encontraban aisladas en las zonas más afectadas, con la incertidumbre de si además de haber sufrido en mayor o menor medida daños materiales, también se podría haber producido alguna pérdida personal. Y las carreteras que vertebraban las comunicaciones que requería el sistema logístico, estaban muy afectadas, por la destrucción y devastación y por la necesidad de las autoridades y fuerzas de seguridad de disponer de la limitada capacidad de las mismas para afrontar las labores de salvamento y auxilio a las víctimas.
En ese duro contexto, el sector logístico portuario, tuvo que afrontar el transcendente reto de mantener la actividad en la medida de lo posible, sirviendo a la sociedad valenciana en la colosal labor de sostener el abastecimiento de la población, y el hilo de actividad comercial y empresarial que se mantenía en tan convulsos momentos.
Para ello, desde el primer momento, y bajo la batuta de Valenciaport, todos los agentes de la cadena logística se mantuvieron en permanente coordinación, y acomodaron su actividad a las excepcionales circunstancias existentes, exprimiendo las limitadas capacidades y posibilidades operativas existentes, consiguiendo dar continuidad al suministro de la población.
Especial mención merece la respuesta que dio el sector de la estiba en el Puerto de Valencia.
Por un lado, las terminales del Puerto de Valencia antepusieron el interés general de la población a cualquier otra cosa, reorganizando sus recursos, también limitados en lo personal, para minimizar en la medida de lo posible las ingentes dificultades que atenazaban sus capacidades.
Por lo que respecta al sector de la estiba, también tuvo que sobreponerse a la situación excepcional del momento.
En el Centro Portuario de Empleo de Valencia había cientos de personas de su plantilla, incomunicadas y con una situación personal y familiar límite.
Al margen del drama personal y familiar que esto implica, desde el punto de vista operativo, nos encontrábamos ante una importantísima reducción de los recursos personales disponibles, y, por lo tanto, ante una considerable pérdida de la capacidad productiva.
Sin embargo, en tiempos tan agitados y convulsos, la estiba supo sacar lo mejor de sí misma.
Por un lado, el personal que no había resultado afectado redobló sus esfuerzos para tratar de atenuar la pérdida de disponibilidad y de capacidad de respuesta que la merma del número de personas disponibles acarreaba.
Sin descuidar esta circunstancia, el colectivo estibador generó un rápida y efectiva respuesta solidaria, que resultó apabullante y ejemplar. Desde el primer momento, tras finalizar sus turnos de trabajo, acudían a socorrer a sus compañeros afectados, procurándoles ayuda personal y material. Mientras, liderados por Coordinadora Solidaria, movilizaron recursos desde otros puertos, que inundaron, esta vez de solidaridad, las dependencias del Centro Portuario de Empleo, con una cantidad inmensa de bienes de primera necesidad, que sirvieron para ayudar tanto al colectivo portuario afectado, como a la sociedad en general, labor por la que han sido galardonados con el Euro Solidario MAPFRE 2025, por su proyecto por su proyecto “La Estiba Responde DANA 2024”.
Desde el Centro Portuario de Empleo de Valencia, también se tuvo que realizar un importantísimo esfuerzo para adaptarse a la situación creada, optimizando sus limitados recursos personales y al mismo tiempo, empatizando con la dramática situación por la que atravesaban las familias de nuestro personal.
Solo en el Centro Portuario de empleo de Valencia, se perdieron 2150 jornales de trabajo como consecuencia directa del desastre. Se abonaron más de 1.000 permisos retribuidos por la misma causa que se repartieron en mayor o menor medida entre más de 150 personas trabajadoras afectadas. Y hasta 29 personas cursaron la incapacidad temporal extraordinaria por daños psicológicos o físicos provocados por la DANA.
Asimismo, el Consejo de Administración del Centro Portuario de Empleo aprobó una ayuda consistente en 40 préstamos sin intereses para el personal que hubiera sufrido daños materiales.
Así, con esfuerzo e implicación, se consiguió salir adelante, en una situación excepcionalmente adversa, y considero que se estuvo a la altura de las circunstancias en primer lugar con las personas trabajadoras afectadas, aliviándoles siquiera mínimamente, en su recuperación, y en segundo lugar con la sociedad valenciana, al ayudar de forma efectiva a no interrumpir la cadena de suministro y garantizando el abastecimiento en momentos de zozobra y desconcierto generalizado.
De modo, que si se plantea si el sector de la estiba hizo lo que estuvo a su alcance para salir adelante en un momento tan crítico, creo que podemos decir, sin caer en la autocomplacencia o en la autosuficiencia, “SI, LO HICIMOS”.
José Francisco Pardo,
Subdirector del CPEV
